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miércoles, 20 de agosto de 2014

Rupturas

Last time around
Buffalo Springfield
Folk-rock, 1968
Los proyectos musicales son seres vivos y, como tales, nacen, crecen y, finalmente y por razones de lo más diverso, mueren. Como con las distintas especies animales, cada grupo tiene sus tiempos de vida, sus maneras de adaptarse al entorno e, incluso, su capacidad de reproducirse o establecer relaciones con otros músicos y bandas. De esta forma, es muy difícil poder prever cuál será el devenir futuro de un artista, si bien hay algunos lugares comunes que pueden dar por finalizada estas relaciones, tales como luchas de egos, problemas con las drogas o la ley y triángulos amorosos.

En el caso de Buffalo Springfield, no hubo líos de faldas de por medio, aunque sí algunos escarceos con la legalidad y el distanciamiento de caminos e intereses estéticos tan habitual en la uniones de talentos jóvenes tan desbordantes. Neil Young y Bruce Palmer se conocieron en Canadá y decidieron ir a buscar fortuna a la soleada California, El Dorado musical del momento, donde pronto coincidieron con otro canadiense, Dewey Martin. Por su parte, Richie Furay y Stephen Stills se conocieron casi por casualidad sobre el escenario del neoyorkino Café Au Go Go y en las futuras giras que surgieron de esta acumulación de talento. Encuentros frecuentes en conciertos hicieron que los cinco músicos fueran trabando cierta amistad y decidieran trabajar juntos. El éxito fue casi inmediato, con la primera canción de su primer álbum, “For what it’s worth”, como también lo fue la dedicación de cada uno de ellos a sus labores una vez explotado el disco de debut y con el segundo ya en el mercado.  Young empezó a dar conciertos en solitario, Stills se iniciaba en nuevas influencias estilísticas y se juntaba con nuevos músicos y Furay comenzó a juntarse mucho con Jim Messina, productor e ingeniero de sonido con el que, a la postre, fundó el grupo Poco. Todo ello mientras Palmer caía en varias ocasiones en las manos de la policía por posesión de marihuana y era deportado a Canadá en varias ocasiones.

De este modo, “Last time around” se convirtió en un ejercicio de recopilación de viejas canciones grabadas en el último año de vida de la banda y algunos experimentos personales para completar la duración del LP, todo en aras de respetar el contrato discográfico, que exigía un álbum más. En sus doce canciones, Stills es el que se muestra más distante e independiente, mientras que Furay y Young aún son capaces de colaborar en algunas de las canciones e incluso el recién llegado Messina aporta y canta una canción.

El disco se abre con “On the way home", composición de Young genialmente adaptada a ritmos más pop-rock por Furay. Y es que, si bien el canadiense ya tenía la vista puesta en el folk-rock que le serviría de base a su obra durante las siguientes décadas, muestra de ello es el “I am a child” que aquí se incluye, el de Ohio tenía aún una visión más amplia y, sobre todo, una cierta facilidad para las melodías más digeribles. Así, a este disco aporta sonoridades pop-rock a canciones como “It’s so hard to wait”, firmada junto a Young y con un cierto regusto blues, y la balada “Merry-go-round”, además de preludiar su futuro en el country-rock con “Kind woman” y dejarse llevar por la psicodelia con “The hour of not quite rain”, un tema que surge de la letra ganadora de un concurso radiofónico auspiciado por la discográfica. Incluso la canción aportada por su nuevo colaborador Jim Messina, “Carefree country day”, cuenta con ese toque entre el country y el pop. 

Por su parte, la obra de Stills muestra toda la variedad de canciones que el texano irá desgranando a través de su andadura en solitario, con Manassas y con Crosby y Nash. Así, hay excursiones por las conexiones entre el blues, el rock y el folk, siempre con un toque de psicodelia (“Four days gone”, “Special care” y “Questions”) y algunos experimentos con los ritmos latinos (“Pretty girl why” y “Uno mundo”).

martes, 20 de agosto de 2013

Marcando el camino

Pickin’ up the pieces
Poco
Country-rock, 1969
La explosion de creatividad de los años finales de la década de los 60 no solamente sirvió para que, a nivel técnico, la experimentación diera como resultado la creación de nuevos sonidos y formas de hacer, nuevos conceptos tanto a la hora de tocar como de componer o grabar. Este caldo de cultivo también sirvió para que otros se atrevieran a abordar de una forma más natural para ellos estilos que, hasta el momento, se veían rodeados de una cierta ortodoxia que, en ocasiones, los alejaba del público más joven. Gracias a un panorama en el que todo valía, fueron surgiendo nuevos sonidos basados en viejas influencias tales como el rock sureño, el blues-rock o el country-rock.

Los grandes ideólogos de este nuevo estilo fueron Richie Furay y Jim Messina. El primero veía cómo casi todas sus composiciones para Buffalo Springfield se alejaban del sonido pop-rock de la banda y tomaban caminos más campestres. En un momento de cierta distancia entre los tres líderes de este grupo, el propio Furay, Stephen Stills y Neil Young, que trabajaban y grababan en solitario los temas que luego compondrían la despedida de este fugaz proyecto, apareció Messina, ingeniero de sonido de una de las sesiones de grabación y músico que le ayudó a dar forma a algunas de las canciones. De este modo, surgió una colaboración estrecha que, junto a la incorporación de Rusty Young al pedal steel, George Grantham a la batería y el breve Randy Meisner al bajo, serviría para dar nacimiento a un nuevo estilo musical.

Con la intención de llamarse como un conocido personaje de una tira cómica, algo que rechazó el creador del tebeo, los cinco intrépidos fijaron su nombre finalmente como Poco y su sonido en una mezcla del pop y el rock propio de su generación y del country que había escuchado desde niños. Se trataba de un híbrido en el que el rock aportaba algunos sonidos y temáticas, mientras que el country ponía los instrumentos y el tratamiento de las canciones, con gran presencia de los tradicionales sonidos de banjo, pedal steel o mandolina y de los arreglos de voces armonizadas, dejando, además, entrada a otros estilos y tendencias habituales de aquellos años, como el pop psicodélico, el folk-rock o, incluso, sonidos más negros.

La presencia del country es muy alagada y todos y cada uno de los temas tienen ese olor campestre, si bien hay algunos que respetan de forma casi reverencial la ortodoxia de este estilo. En este estreno, se encuentran canciones como “Pickin’ up the pieces”, “Consequently so long” y la balada “Tomorrow” que cumplen fielmente las reglas del tradicional estilo, mientras que otras como la instrumental “Grand junction” o “Just in case it happens, yes indeed” ya muestran cierta contaminación del rock y el pop.

Pero el nacimiento del nuevo estilo se debe precisamente a esos otros temas que desafían un poco más el canon del country más tradicional. Así, “What a day” es una pieza vitalista de marcada tendencia pop-rock, a pesar de su tratamiento country en lo que a instrumentos y jerarquías musicales se refiere. En esta misma línea, este debut discográfico incluye canciones como “Make me a smile” y “Short changed”, con claras concesiones al folk y el rock, así como “Calico lady” y la balada “First love”, cuya inspiración se acerca al pop psicodélico de la época. Y además del estilo, Poco también juegan con los ritmos, imprimiendo a temas como “Oh yeah” y, sobre todo, “Nobody’s fool” un ritmo cercano al funky, siempre sin despegarse del todo del campo.