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jueves, 9 de abril de 2015
martes, 2 de octubre de 2012
Una vida dedicada al soul
The dock of
the bay
Otis
Redding
Soul, 1968.
La muerte de Otis Redding, apenas tres años después de la de Sam
Cooke, supuso un gran golpe para el mundo del soul. No se iba únicamente uno de
los principales exponentes de este estilo musical en lo que a éxito comercial
se refiere, sino que también se dejaba inacabado un trabajo que el cantante de
Georgia había iniciado en la adolescencia. Y es que su vida había estado
dedicada a la difusión de la música negra por todo Estados Unidos, intentando
romper las barreras raciales y geográficas que tradicionalmente constreñían su
desarrollo.
Primero como integrante de bandas profesionales y, más
tarde, componiendo y grabando sus propios temas y otros éxitos, Otis Redding
intentó llevar el soul a todos los rincones, actuando en las principales
ciudades estadounidenses, incluso en los estados del norte, menos dados al
conocimiento de los sonidos propios de la población negra, y llevando su música
también al público blanco. Además, con el fin de lograr nuevos oyentes, también
actuó en el festival de pop de Monterey en 1967, llamando a la puerta también
de aficionados más dados al rock y a los sonidos hippies y psicodélicos. Sin
embargo, un viaje en avión en medio de una apretada gira de conciertos terminó
en un desastre que puso el punto y final a la prometedora carrera de este
cantante con apenas 26 años.
“The dock of the bay” es el primero de los cuatro discos
póstumos con temas inéditos de Otis Redding. En él, se da una buena muestra de
los diferentes registros que el vocalista y compositor gustaba de abordar en
sus álbumes, todo ello con grabaciones realizadas entre 1965 y 1967, algunas de
ellas lanzadas en singles y otras totalmente nuevas para los oyentes. Además,
incluye la última composición grabada por Redding antes de su fallecimiento,
“(Sittin’ on) The dock of the bay”, canción que se convirtió en su mayor éxito
de ventas, número uno de casi todas las listas de ventas y su tema más
reconocible y recordado.
Uno de los principales fuertes de Redding fue su emotivo
modo de cantar las baladas soul, con un estilo lloroso y aullador, que en este
disco se puede escuchar en “I love you more than words can say” y “Open the
door”, además de en “The glory of love”, un tema de inspiración gospel que, con
la paulatina adición de instrumentos, se va convirtiendo en una cadenciosa
celebración del amor al que canta. Además, el vocalista también aborda dos
versiones de temas clásicos para demostrar su versatilidad y gusto musical,
aunque siempre llevadas magistralmente hacia su terreno para dar lo mejor de él
y de su banda, “Nobody knows you (when you’re down and out)” y “Ole man
trouble”.
Pero no todo son hermosas canciones lentas en la voz de
uno de los mejores cantantes del soul sureño. Ejercicios de música más bailable
son “Let me come on home” o “Don’t you mess with Cupid”, en las que Redding
despliega su estilo más seductor, mientras que, en “I’m coming home to see
about you”, bebe de las fuentes del rhythm’n blues y el rock’n roll para enriquecer
la sonoridad de su obra. También con el propósito de la diversión, el álbum
incluye dos canciones, “Tramp”, en el que hace un dueto con Carla Thomas, y
“The Huckle-Buck”, que responden a un patrón habitual en la discografía de
Redding, temas con potentes riffs de la sección de viento y un ritmo
constante por parte de la banda mientras él canta, recita, modula, grita, rapea
y juega con cada verso.
jueves, 20 de septiembre de 2012
El ritmo que nace en la calle
The Meters
The Meters
Funk, 1969
El funk es un estilo musical nacido de la tendencia natural
de los músicos de juguetear con las escalas y los ritmos, de mezclar todas sus
influencias e intentar siempre ir un paso más allá, de juntarse sin partituras
ni estructuras y dar rienda suelta a sus gustos y su talento. De este modo, de
forma prácticamente natural, se consiguió dar forma a un sonido que pronto
consiguió el favor del público gracias a su cadencioso groove y a su facilidad
para hacer bailar a sus oyentes, con elementos extraídos del blues, el rhythm’n
blues, el soul y el jazz, que fueron los encargados de alumbrar unas canciones
de ritmos sincopados y fraseos inesperados.
The Meters fue una de las bandas más representativas de este
estilo en sus primeros años. A pesar de que su éxito comercial no fue masivo,
sí es cierto que el cuarteto de Nueva Orleans, que posteriormente fue
incorporando más instrumentistas para enriquecer su sonido, fue y sigue siendo
una de las principales influencias para los músicos que han perpetuado este
estilo, uno de los grandes baluartes de este sonido que, sin comparación con la
repercusión social de James Brown, gran figura del funk en la época, sí ha
dejado un enorme poso en los artistas posteriores, una sombra que se alarga
hasta la actualidad.
La banda estaba liderada por Art Neville, teclista y
vocalista, que se rodeó de buenos intérpretes de la zona, como el guitarrista
Leo Nocentelli, el bajista George Porter y el batería Joseph “Zigaboo” Modeliste,
para hacerse un hueco en la escena musical de Nueva Orleans, siendo contratados
también como banda residente del sello discográfico de Allen Toussaint, Sansu
Entreprises. Al margen de sus grabaciones para otros artistas, la banda también
decidió labrarse un camino por su cuenta, abordando principalmente
composiciones instrumentales, sobre todo en sus primeros años, algo no tan
extraño entonces como en nuestros días gracias al éxito de Broker T. & the
MG’s, que ya habían alcanzado cierta reputación con algunos de sus hits en la
década de los 60, o del teclista Billy Preston, que lanzó varios discos con
versiones instrumentales de populares canciones pop de la época.
“The Meters” es su primer disco y, aunque moderadamente, sí
tuvo un cierto éxito, con la inclusión de dos de sus canciones, “Cissy strut” y
“Sophisticated cissy”, en los puestos altos de la lista de R&B. Como bien
se pudo observar a lo largo de su carrera, el álbum demuestra el gran
conocimiento de estos músicos del soul y el blues, estilos que abordaban en sus
grabaciones como banda de apoyo en estudio, y sus devaneos de influencia jazz
en busca de nuevos senderos musicales.
Este deber discográfico se abre con “Cissy strut”, canción
paradigmática del personal sonido del grupo, con un ritmo contrapeado, una
contundente sección rítmica, un envolvente acompañamiento al órgano y unos riffs de guitarra igualmente sorprendentes y reconocibles. En esta misma
línea, el álbum incluye temas como “Cardova”, “Ease back” o “Sing a simple song”,
versión instrumental de un tema lanzado un año antes por Sly & the Family Stone. Con una cadencia más marchosa, “6V6 LA”, nombrada así por el modelo de
válvulas de los amplificadores del grupo, es una composición que destaca por la
poderosa introducción de guitarra y el incansable ritmo de batería, mientras
que “Art” se sumerge en las influencias rhythm’n blues del grupo para
actualizarlas y llevarlas hacia el nuevo estilo.
A pesar de ello, también hay cortes en los que la voz cantante la lleva
el teclado, dando como resultado partes más melódicas y fácilmente cantables,
como “Live wire” o “Here comes the meter man”, siempre dentro de la reconocible
sonoridad totalmente funky del grupo. Además, el resto de influencias se dejan
notar, con tintes soul en “Ann” y las baladas “Sophisticated cissy” y “Stormy”,
o el New Orleans style de “Sehorn’s farm”.
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